Capítulo 1

El primer paso

Siempre he sido muy curiosa y me gusta entender las cosas. Cuando algo me interesa, necesito saber cómo funciona, para qué sirve y qué puedo hacer con ello.

Pero cuando empecé a oír hablar de inteligencia artificial, fue diferente.

Una parte de mí pensó que aquello no era para mí. Me parecía algo demasiado técnico, demasiado grande y demasiado lejano. Escuchaba hablar de inteligencia artificial cada vez más, pero tenía la sensación de estar observando algo que pertenecía a otro mundo. A personas que entendían de tecnología, que sabían programar o que llevaban años trabajando con ordenadores.

Era como si hubiera una puerta invisible y yo estuviera mirando desde fuera, sin saber muy bien por dónde entrar.

Y, al mismo tiempo, había algo que me incomodaba: no quería quedarme fuera.

La tecnología estaba avanzando y yo podía hacer dos cosas. Podía seguir pensando que aquello no era para mí o podía intentar entenderlo.

Decidí intentarlo.

No porque de repente hubiera perdido el miedo. Tampoco porque pensara que sería fácil. Simplemente porque mi curiosidad terminó pesando más que mis dudas.

Este diario empieza ahí: en el momento en que decidí dejar de mirar la inteligencia artificial como algo ajeno y empecé a verla como una herramienta que también podía ser para mí.

No empezó con seguridad.

Empezó con dudas, con miedo y con una libreta al lado.

Pero empezó.

Y ahora sé que aquel gesto tan pequeño (decidir que quería aprender) fue mucho más importante de lo que imaginaba.

Porque antes de aprender inteligencia artificial, tuve que convencerme de que yo también podía aprenderla.